
Todo comenzó en el restaurante familiar Zapatari, donde Richar creció entre mesas, olores y conversaciones. Desde pequeño ayudaba a sus padres, como el resto de la familia, y aquel lugar se convirtió en su segunda casa: un punto de encuentro donde la vida pasaba entre risas, trabajo y platos compartidos.
Cuando la ciudad comenzó a expandirse y el Zapatari tuvo que cerrar sus puertas para dejar paso a la autopista, Richar decidió mantener viva esa esencia.

Así, en 2001, nacía Trikua, una cafetería con alma de hogar en el barrio del Antiguo. Desde entonces, el Trikua ha sabido transformarse sin perder nunca lo que lo hace único: la cercanía, la calidad y el compromiso con el producto local y de kilómetro 0. Adaptándose a los tiempos, escuchando a los vecinos y trayendo nuevas ideas inspiradas en otros lugares, se convirtió en pionera en los desayunos de Donostia.
Hoy, 25 años después, Trikua sigue siendo ese lugar donde el café sabe a encuentro, y cada día se siente la misma pasión con la que todo empezó.
